martes, 3 de enero de 2012

'Si alguien lo paga es porque lo vale”

Si quiere saber si esta frase es cierta o no pregunteles a todos aquellos que compraron inmuebles durante el boom antes del 2008, en 200 mil, 300 mil y aun en mas, muchos de ellos luego tuvieron que perder esos inmuebles cuando se deshizo la burbuja inmobiliaria. Pero el colmo es que a veces el valor de una cosa ha llegado a tal punto que los mismos seres humanos se dan un valor que no les corresponde, seria prudente mencionar aqui este cuento:
   Hay una vieja historia— de un joven que concurrió a un sabio en busca de ayuda.
—Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El maestro, sin mirarlo, le dijo:— Cuánto lo siento muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después... –y haciendo una pausa agregó— Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar. —E... encantado, maestro –titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas.
—Bien –asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó –toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete antes y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas..El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer al anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés, hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro, algunos reían, otros le daban vuelta la cara y sólo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo. En afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, y rechazó la oferta. Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado –más de cien personas— y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. Cuánto hubiera deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro. Podría entonces habérsela entregado al maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y ayuda. —Maestro –dijo— lo siento, no es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir dos o tres monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo. —Qué importante lo que dijiste, joven amigo –contestó sonriente el maestro—. Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar y vete al joyero. ¿Quién mejor que él, para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero no importa lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con mi anillo. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
—Dile al maestro, muchacho, que si lo quiere vender ya, no puedo darle más que 58 monedas de oro por su anillo. ¡¿58 monedas?! –exclamó el joven. —Sí –replicó el joyero— Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de 70 monedas, pero no sé... Si la venta es urgente....El joven corrió emocionado a casa del maestro a contarle lo sucedido.
—Siéntate –dijo el maestro después de escucharlo—. Tú eres como este anillo: una joya, valiosa y única. Y como tal, sólo puede evaluarte verdaderamente un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera descubra tu verdadero valor?
Y diciendo esto, volvió a ponerse el anillo en el dedo pequeño de su mano izquierda.
Hay gente que supone que los demás saben mucho más de valoraciones y “delegan” la tarea de valorar las inversiones que van a hacer en el “consenso general”. Suponen que los precios pagados por otras personas, en el presente o en el pasado, son precios “justos” a los que se ha llegado tras valoraciones muy estudiadas. Pero no es así.
Cada inversor debe ser capaz de valorar de alguna forma las inversiones que va a hacer, no puede delegar esta tarea en otros.
Simplemente con ver datos históricos de precios pagados por acciones, inmuebles, cuadros, alquileres, etc. se aprecia que mucha gente pagó precios equivocados en el pasado, unas veces por exceso y otras por defecto (en este caso el error es del vendedor, lógicamente).
De hecho esta mentalidad equivocada está en la base de las burbujas, ya que muchos inversores dan por buenos los precios pagados por otros sin hacer ningún análisis y las burbujas van aumentando con nuevos inversores que a su vez piensan que los que pagaron los últimos precios ya habían hecho un análisis concienzudo, etc. hasta que la burbuja se pincha y todos se dan cuenta que unos se habían fiado de los otros sin que ninguno analizase la situación fríamente.  En todo caso sería correcto decir “Si alguien lo paga es porque esa persona cree que lo vale”, pero precisamente por eso lo primero que hay que hacer es analizar si esa persona podría estar equivocada o no.
Otra forma de ver lo equivocada que es esta frase es pensar que si fuera cierta nadie perdería dinero, ya que todos los precios pagados serían justos y todas las inversiones serían rentables. Es evidente que no es así.
 Cuando invierta no se considere menos que los demás y no dé más valor a la opinión de otras personas que a la suya propia. Está muy bien escuchar otras opiniones, pero esas otras opiniones deben servir para formarse un criterio propio, no para copiar las decisiones de otros sin hacer un análisis sobre lo acertadas o equivocadas que puedan ser esas opiniones ajenas.
Una frase muy famosa (atribuída a diferentes personajes históricos) dice que “Cuando todos piensan igual es que nadie piensa mucho”.

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