miércoles, 4 de enero de 2012

La Familia y la economia familiar.

Un barco sin timonel ni capitán, eso es un hogar sin administración económica. En una casa donde no haya un control financiero es muy fácil que la familia esté siempre peleando, los padres con los hijos, los hijos con los abuelos, los padres entre ellos y todos dirán en todo momento que tienen la razón y que hay que hacer lo que se piense en la propia opinión de cada cual. Lo importante es que siempre seremos una familia y el dinero debería unirnos en vez de separarnos, acaso no es gracias al dinero que tenemos un hogar? Qué tal de aquellas personas que no tienen dinero? Y lo peor, qué hay de aquellos que no tienen una familia con quien pelearse a cada rato?
Muchas parejas hoy en día se casan y no saben que al hacerlo están comprometiéndose, no sólo para formalizar esta unión ante la sociedad, procrear y vivir juntos, sino también de forma económica. Muchos no saben que al hacerlo, sus deudas, sus victorias, sus fracasos, sus logros y sus metas tambien serán compartidas. Conocemos muchas personas que se casaron muy enamorados, siempre el amor estuvo por encima en su relación, y eso es muy bueno. Siempre defenderemos el amor como sentimiento supremo del ser humano, pero al cabo del tiempo de estar casados fue que supieron realmente la situación financiera y económica de su pareja, sus deudas y limitaciones, sus ingresos y sus gastos, sus metas y las posibilidades reales de llevarlas a cabo.
De más está decir que éste es uno de los errores financieros mas comunes que cometemos en nuestras vidas. No es de extrañar entonces que existan tantos divorcios relacionados a la situación económica de la pareja.
Imaginemos por un momento que está Ud. en un aeropuerto y están saliendo muchos vuelos a difrentes lugaes, es lógico que Ud. tiene un objetivo, un lugar a donde quiere llegar, entonces la vendedora de boletos  se dirige a Ud. con sonrisa amable y le dice: "Está por salir un vuelo que no tiene destino, no se sabe a donde va, lo quiere tomar Ud?" Lo tomaria? O quizás le diga: "Este próximo vuelo tiene un 50% de posibilidades de caer a tierra, lo quiere Ud?" Lo tomaría?
Claro que elegir pareja y casarse con ella no es como tomar un vuelo en avión, uno está completamente enamorado y no ve mas allá, uno no saca las probabilidades de divorcio cuando va a casarse, ni siquiera lo hace pensando en un objetivo fijo muchas veces, sino, en casarse porque es una regla social, en vivir juntos y tener hijos como todos los demás.
Pero bueno, si nos ponemos a sacar probabilidades estadísticas y muy científicas de cómo elegir pareja para casarnos, probablemente no nos casaríamos nunca, pensará Ud., y está en lo correcto.  Ahora nos podría servir un cuento del Sr. Jorge Bucay, un  psicoanalista argentino que ha escrito muchos libros y va ejemplificando muchas situaciones de la vida a modo de cuentos y fábulas muy sabias:
EL ARQUERO
Había una vez un rey que disfrutaba muchísimo de la caza del jabalí. Una vez por semana, en compañía de sus amigos más cercanos y del mejor de sus arqueros, salía de palacio y se internaba en el bosque a la búsqueda de los peligrosos animales que, ciertamente, eran una complicación para todos los granjeros y agricultores del reino. La emoción de la aventura se complementaba así con el servicio que se le prestaba a los súbditos al librarlos de sus peores enemigos, depredadores y asesinos.
Un día, mientras perseguía a un grupo de jabalíes que asolaban la región más occidental de su reino, se internó con sus compañeros en un bosque que nunca había recorrido. No era demasiado diferente de otros bosques excepto por el hecho de que en casi cada árbol del pequeño bosque estaba dibujado un rudimentario blanco de tiro. Tres círculos concéntricos de cal más un relleno y pequeño redondel blanco en el centro. Al rey no le llamaban la atención los círculos pintados en los troncos, pero sí le sorprendió ver que en el mismísimo centro de cada blanco había una flecha clavada.
Treinta o cuarenta troncos daban fe de la certeza de los flechazos, cada árbol con un blanco, cada blanco con una flecha, cada flecha en el centro justo del objetivo. Flechas que siempre lucían los mismos colores en sus plumas. Flechas iguales, disparadas posiblemente por el mismo arquero.
El rey preguntó a alguno de los guías por el autor de esos precisos blancos, pero nadie supo contestar.
- Un arquero así sería la mejor garantía de la seguridad del rey, comentó alguien.
- Con un guardaespaldas capaz de acertar cuarenta sobre cuarenta yo iría a cazar leones con una aguja…, rió otro.
- Ojalá sea solamente uno, dijo el arquero real, porque si no, nos quedaríamos todos sin trabajo.
El rey asintió y, rascándose la barbilla, mandó llamar al jefe de sus sirvientes y le dijo:
- Quiero a ese arquero en mi palacio mañana a la tarde. Convéncelo de que me vea, ordénale que venga, o tráelo con la guardia, ¿está claro?
- Sí, majestad, dijo el otro. Y cogiendo un caballo se dirigió al pueblo a buscar al arquero infalible. 
Al día siguiente, un paje golpeó en la puerta de la alcoba real para decirle al soberano que su sirviente había llegado y pedía ver al rey.
El monarca se vistió presuroso y salió entusiasmado al encuentro del visitante.
Al llegar al salón de recepción solamente vio junto a su emisario a un jovencito de unos quince o dieciséis años, que sostenía displicentemente un pequeño arco en la mano.
- ¿Quién es este joven?, preguntó el rey.
- Es el joven que me pediste que trajera, dijo el sirviente, el que disparó las flechas del bosque.
- ¿Es verdad? ¿Tú disparaste esas flechas? Ten cuidado con las mentiras, podrían costarte la cabeza…
El joven bajó la mirada y balbuceando de miedo contestó:
- Sí, es verdad, yo las disparé.
- ¿Todas?, preguntó el rey.
- Cada una de ellas, dijo el joven.
- ¿Quién te enseñó a disparar con el arco?, preguntó el monarca.
- Mi padre, contestó el arquero.
- Y él, ¿dónde está?, preguntó todavía el rey.
- Murió hace seis meses, dijo con dolor el adolescente.
No tenemos al maestro, pero tenemos a su mejor alumno, pensó el rey.
- ¿Cuál es la técnica?, preguntó el rey.
- ¿Técnica?, repitió el joven.
- La manera de conseguir una flecha en el centro exacto de cada blanco, le aclaró el rey.
- Muy fácil, dijo el muchacho, yo disparo la flecha al árbol y, después, pinto los círculos a su alrededor.
¿Que tal si hacemos igual con nuestra pareja? Si hablamos claro desde el principio y exponemos nuestros puntos sin imponer nuestras ideas y respetando el criterio de análisis del otro, quiza podríamos llegar a importantes acuerdos pre - matrimoniales, que nos pueden resultar muy beneficiosos más adelante.
Pero incluso después del matrimonio podría seguir siendo conveniente disparar las flechas y después pintar los círculos a su alrededor. También existen los acuerdos post - matrimoniales.
Si nuestra futura pareja no conoce nuestros intereses económicos, nuestra situación financiera y nosotros la de ellos, entonces es un error garrafal y total contraer nupcias, en cambio si preparamos el camino, preguntando, mostrando posibilidades, ayudando, entonces no sólo podremos evitarnos muchos problemas futuros, sino que además nuestra relación se acrecentará y tendrá un motivo más por el que estar unidos.
En la medida que podamos crear un nivel de confianza con nuestra pareja,  podremos de seguro lograr con más rapidez nuestros objetivos y encaminar la relación a un término feliz para todos sin luego tener que lamentarnos de lo que no hicimos en su momento.
No existen desgraciadamente en nuestros días escuelas de finanzas personales, sólo sitios como este y muchos analistas que dan todo tipo de consejos, para todo tipo de personas y situaciones, pero la verdad es que la vida es una gran escuela donde debemos aprender de nuestras experiencias y las experiencias ajenas, solo así podremos enfrentar la nuestra como mejor pensemos que deberíamos y acorde a nuestras propias circunstancias.
Un gran poeta Khalil Gibran escribió sobre el matrimonio en su famosa obra "El Profeta": " Nacisteis juntos y juntos permaneceréis para siempre. Aunque las blancas alas de la muerte dispersen vuestros días. Juntos estaréis en la memoria silenciosa de Dios. Mas dejad que en vues-tra unión crezcan los espacios. Y dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros. Amaos uno a otro, más no hagáis del amor una prisión. Mejor es que sea un mar que se mezca entre orillas de vuestra alma. Llenaos mutuamente las copas, pero no bebáis sólo en una.
Compartid vuestro pan, más no comáis de la misma hogaza. Cantad y bailad juntos, alegraos, pero que cada uno de vosotros conserve la soledad para retirarse a ella a veces. Hasta las cuerdas de un laúd están separadas, aunque vibren con la misma música. Ofreced vuestro corazón, pero no para que se adueñen de él. Porque sólo la mano de la Vida puede contener vuestros corazones. Y permaneced juntos, más no demasiado juntos: Porque los pilares sostienen el templo, pero están separados. Y ni el roble ni el ciprés crecen el uno a la sombra del otro. "  

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